El profesor explicando y garabateando en la pizarra, los alumnos en
silencio tomando precisas notas de lo explicado, el examen final donde
regurgitar todo el conocimiento ingerido durante el curso. Este modelo,
la tradicional clase magistral,
va siendo sustituido poco a poco por otros métodos y estrategias educativas que
tratan de que el alumno sea una parte más activa en el proceso de aprendizaje,
algo más que un mero receptor de información. El aprendizaje basado en
proyectos (ABP), o en problemas, o en retos, o la gamificación van ganando
espacio en colegios públicos y privados, muchos de ellos en la Comunidad de
Madrid.
Parece cosa muy moderna y novedosa, y lo es, aunque los métodos de
enseñanza activa hundan sus raíces en el s.XIX y sigan el hilo de proyectos
como la Institución Libre de Enseñanza (ILE) de Francisco Giner de los Ríos o de reconocidos
psicólogos del s. XX como Jean Piaget o John Dewey, partidario este último del
"aprender haciendo".
"El alumno genera así su propio conocimiento, afrontando retos sobre
la información que ya maneja", expone la psicóloga Marisa Calatayud,
directora del curso Metodologías activas y aprendizaje en educación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM),
"además esta forma de trabajar fomenta otras habilidades como el trabajo
en equipo, la cooperación, la escucha activa, la habilidades comunicativas, la
comunicación no verbal, etc".
Pero, ¿cómo funciona en la práctica? Un ejemplo, simplificando mucho, sería
trabajar sobre un tema como la Edad Media. Se forman grupos de alumnos que se
dedican a áreas específicas y las asignaturas se abordan de manera transversal:
por ejemplo, la Edad Media desde el punto de vista histórico, literario, de las
ciencias sociales, etc. Luego el trabajo de cada equipo se pone en común. Como
cada uno trabaja en los temas que más le interesan se crean alumnos más
motivados. "La búsqueda de información de diferentes fuentes también les
enseña a ser críticos y buscar información veraz, en una época en la que hay
que tener mucho cuidado con la información falsa que encontramos en
Internet", dice Calatayud.
En el colegio privado Liceo Europeo no
hay libros de texto. "Los propios alumnos investigan y componen sus
propios libros", dice Esther Arama, coordinadora de Bachillerato
Internacional del centro. "Así se logra un aprendizaje participativo que,
además, fomenta la responsabilidad y la independencia". Su principal
inspiración, dicen, es la Institución Libre de Enseñanza. Todo esto se suma a
una fuerte apuesta por la tecnología: hay wifi en todo el colegio y hasta una iClass
equipada con tabletas último modelo. La evaluación es continua. "No hay
exámenes como tal", dice Arama, "se presentan proyectos, trabajos,
mapas conceptuales, también alguna prueba escrita, sobre todo en secundaria,
pero no como los exámenes tradicionales".
Otros colegios en la Comunidad de Madrid que aplican este tipo de
metodologías activas son la Escuela Ideo, privada, de la Fundación Ideo, o el concertado Colegio Brot, de
la Fundación Aprender, especializado en niños con
problemas como la dislexia, aunque no solo. El portal Ludus congrega un
directorio de 840 centros de enseñanza "alternativa" en España.
Esta forma de trabajar
fomenta otras habilidades como el trabajo en equipo, la cooperación o la
escucha activa
El colegio público Santo Domingo de Algete, de infantil,
primaria y secundaria, también aplica este tipo métodos y estrategias. Su
educación se basa en lo audiovisual: la preparación de vídeos, programas de
radio o periódicos on line sobre los temas curriculares a tratar. Su director,
Óscar Martín Centeno, destaca también el aprendizaje por retos. "La diferencia
con el aprendizaje basado en proyectos es que aquí se les plantea una situación
a los alumnos y ellos mismos tienen que sacar de ahí el reto a resolver",
dice el director. Por ejemplo, ABP el proyecto podría ser algo así como
"mover el banco del patio". Los alumnos tendrían que ingeniárselas
pidiendo permisos al Ayuntamiento y contratando a una empresa. En cambio, en
aprendizaje basado en retos, se les daría el patio a los alumnos y se les
preguntaría qué hacer: quizás el reto no sería cambiar el banco de sitio, sino
pintar las tapias: ellos mismos deciden la misión adecuada.
Martín Centeno cuenta uno de esos proyectos: "Consiste simplemente en
la siguiente situación: un extraterrestre, en forma de pequeño robot, llega al
colegio, ¿qué hacemos a partir de ahí?". Lo que los alumnos decidieron fue
crear una narrativa de ese robot, con textos, canciones, contando su historia,
e, incluso, manejarlo desde el punto de vista de Robótica. Así se tratan
diferentes asignaturas como Lengua, Música, Física y Química, etc.
En los colegios públicos
el cambio depende de la resistencia o apoyo que encuentre el profesor en su
claustro
La cosa, claro está, plantea sus dificultades: "La principal es
encajar todo el currículo que se tiene que impartir en estas experiencias",
dice Martín Centeno, "siempre hay un 20% que no encaja a priori y hay que
buscar la forma de enseñar". Porque este tipo de enseñanza requiere tal
vez una mayor implicación de los docentes. "En realidad el reto también es
para el profesor, se trata de un aprendizaje bidireccional", apunta
Calatayud. ¿Cómo se promueve la implantación de estas metodologías en los
colegios públicos? No de una forma sistemática, al final depende de la libertad
de enseñanza de cada profesor y de la resistencia o apoyo que encuentre en su
claustro. Aunque, eso sí, dentro de los cursos de formación docente de la
Comunidad de Madrid se puede acceder a formarse en técnicas de este tipo (ABP,
flipped classroom, en la que la clase se invierte para el trabajo más práctico
y no el teórico, etc).
También existe un Mooc (curso gratuito, abierto y masivo por Internet)
del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del
Profesorado(INTEF), dependiente del Ministerio de Educación,
titulado Gamificación en el Aula, obra de la formadora de docentes Clara
Cordero, que trabaja en el campo de la metodologías activas. "En el Mooc
hemos tenido gran cantidad de inscripciones, más de 2600 de varios países, y
creo que estas estrategias cada vez despiertan el interés de más
docentes", dice. En definitiva, todas estas ideas ya estaban en el
milenario proverbio de Confucio: "Lo que oigo, lo olvido; lo que veo, lo
recuerdo; lo que hago, lo aprendo".